jueves, 3 de abril de 2014

Correlación antitética.

Tú tan como siempre, y yo...
yo tan como nunca.

Ojalá pudiera seguir escribiéndote versos tristes. Pero hay un dolor tan profundo, tan infinito, tan acantilado... que las palabras se ahogan en lágrimas antes de nacer. Sigo esperando tus manos. Maldita obsesión incierta. Me doblega. Y tus ojos. Malditos tus ojos, y tus manos, y tu sonrisa afilada, lista para morder. Maldito aquel día, aquella hora, aquella habitación perdida. Maldita realidad que me consume. Maldito tiempo.

Ojalá pudiera volver atrás y dejar de mirar aquellos calcetines a rayas mientras tu voz inquiría ansiosa, sutil. Imaginarte como un león enjaulado. Matarte con la ausencia, con la incertidumbre, con un NO. Romper aquella nota, tirarla por el desagüe, tragármela si hubiera hecho falta. Y haberla olvidado al instante, como si no hubiera existido jamás aquel roce de tus manos. Tus manos en mis manos.

Ojalá pudiera volver a mirarte a la cara sin sentir todo este peso. Sin ir dejando pedacitos de mí en tu espalda mientras te alejas. Y yo te miro. Y nada ocurre. Sin pensar en el maldito instante en que te escribí la primera palabra. Maldito y mil veces bendito. Estoy aquí, joder, ¡mírame! Sálvame del silencio. El silencio de mis noches. De esas noches en las que te pienso y me digo: "Cómo hemos cambiado". Y en cambio, la realidad es que estamos...

Tú tan como siempre, y yo...
yo tan como nunca.

viernes, 21 de marzo de 2014

¿Día de la poesía?

Dicen los eruditos que hoy, veintiuno de Marzo, es el día de la poesía. Algunos andan proclamando por ahí que, en ocasiones, la belleza reside en las palabras. No se dan cuenta de que la poesía se esconde en las esquinas, en la lluvia, en las alas que le dí al Hombre Pájaro, en el olor a libro viejo, en los labios de mi amor, en las manos de los desconocidos.

No voy a permitirme llenar el suelo de tinta como tantas otras veces, así que os dejo un poema que descubrí escondido en la puerta de uno de esos autobuses desde los que contemplo amaneceres y puestas de sol, y que me encantó por su sencillez, por lo mucho que me identifico con él en este momento.

Este poema no dice nada. 
No encuentro sus palabras. 
Es tan pequeño, tan sencillo, tan humilde, tan callado. 
No es para vosotros. 
Es mío solamente. 
Están en él mi padre, mi madre, mi otro hermano. 
Es un nudo de sangre caliente y apretado. 
—No se sabrá nunca 
lo que va por dentro de la sangre, 
son ríos de otra cosa-.
Este poema no admite palabras. 
No puede leerse. 
Es tan hondo. 
Dejadlo. 

María Cegarra.

martes, 17 de diciembre de 2013

La mujer de negro.

Camino con mi gabardina negra y un maletín en la mano. Soy Nadie en esta ciudad de todos. Me invade el impulso irracional de entrar en cualquier bar para olvidar mi realidad. Me imagino sentado en el rincón del fondo con un whisky, esperando a la mujer de negro. Nadie se fija en mí, soy invisible bajo las luces navideñas y las carcajadas de los adolescentes. La mujer de negro me obsesiona, la mujer de negro es una constante en mi vida. Quiero esperar a la mujer de negro. Quiero hablar a la mujer de negro y que ella me mire desde su vestido ajustado y sus ojos azabache. Quiero llevarme a la mujer de negro, encerrarla para mí. Observarla, admirarla, desnudarla, follarla. Quiero unirme a la mujer de negro. Quiero ser la mujer de negro.

En lugar de eso, me dirijo hacia el último portal de esa última calle oscura del típico barrio a las afueras de la ciudad. El piso me recibe con un aliento frío. Dejo el maletín en el recibidor y la gabardina en una silla. Me siento en el sofá y cierro los ojos. La mujer de negro aparece tras mis párpados y me reprocha no pensar en ella cada segundo. Quiero matar a la mujer de negro. Y desaparecer con ella.

martes, 3 de diciembre de 2013

03:22 a.m.

Anoche, el universo se resumió en tu suave respiración a las tres y veintidós de la madrugada. Todos los recuerdos, todas las metáforas, toda la piel, en tus labios entreabiertos y la elevación intermitente de tu pecho. Te observé en la penumbra y acordes de los Foo Fighters me llenaron la memoria - breathe out, so I can breathe you in, hold you in. Me acurruqué en tu hombro desnudo, con la esperanza inútil de aparecer en tus sueños. Apenas unas horas antes había sido yo quien se había dormido mientras Márquez se diluía en tu voz con palabras de amor. Y caí de nuevo en el vacío, con tu respiración marcando el tempo. Me han despertado tus caricias en la espalda, y todo esto pasa por mis pensamientos mientras la idea de hacernos el amor por la mañana, como el café, toma forma en tus ojos.