lunes, 5 de marzo de 2018

sábado, 10 de febrero de 2018

El olor a hogar de tu sonrisa.

Quizás te haga gracia saber que no escribo en papel pautado a sabiendas de que mi letra todavía se tuerce en los días de viento (que son muchos) y en la pizarra (la falta de experiencia).

Quizás te sorprenda saber que todavía recuerdo cómo cerraste la puerta del coche aquel día de invierno, cómo temblaban mis manos en el volante y las tuyas en el salpicadero. Ni una palabra y tanto sentimientos, nuestro disco favorito y unas cuantas miradas.

Recuerdo tu sonrisa al preguntar "¿Dónde vamos?" y el tacto de mi meñique en tu rodilla al meter quinta antes de contestarte en un susurro.

Recuerdo la playa en tus ojos, la arena y en tus manos y en tus pies. Recuerdo el viento mezclando nuestro olor, encogiéndome los pulmones, precipitando las discretas bocanadas de aire que cogí deseando poder así captar un mínimo porcentaje del sabor de tus labios. Y los recuerdo entreabiertos, llenos de sal y de historias que nunca sabrás contarme. (De historias que invento).

Recuerdo aquellas nubes negras mojándonos, la carrera hasta el Ford Fiesta y el corazón latiéndome en el pecho como cuando descubren tu escondite en el patio del colegio y tienes que salir corriendo para el "por mí y por todos mis compañeros".

Recuerdo las carcajadas y aquel anochecer repentino sobre tu hombro. El olor a hogar de tu sonrisa tras el primer beso, la respiración entrecortada, tus manos en mi piel.

Recuerdo la vuelta a casa con tus cuentos de vidas pasadas, la luna en el retrovisor, sobre el cazasueños, y cómo jugueteaste con sus plumas.

Recuerdo las luces de las farolas rompiendo el encanto de la noche, el cruce de nuestras miradas.

Quizás te sorprenda saber que en los días de viento todavía recuerdo tus manos en mis mejillas y tu beso en mi pelo. Tu silueta alejándose y mi vuelta a casa.

Quizás te haga gracia saber que sonó nuestra canción en el garaje y que me quedé a oscuras dejándola terminar.

miércoles, 19 de abril de 2017

5/4: Un-dos-tres un-dos un-dos-tres un-dos

Abro una de tus cartas al azar. Una de esas ya arrugadas y amarillentas, de esas que huelen a tantas noches de lectura, a tantos sueños brillando en la mirada. Intento reprimirme, pero los ojos vuelan hambrientos sobre el papel, sobre tu afilada letra. Se me llena el alma al sentirte tan cerca, tu respiración apenas a unos centímetros de mi pelo, recitando en mi mente palabras que nunca pronunciaste en voz alta. Se me encoge el corazón, como si lo apretaran, y se acelera al compás cojo del cinco por cuatro. Se instala el dolor punzante en el estómago, el sutil mareo de la lectura febril. Y sonrío al leer tus "niña", y me hago cada vez más pequeña, hasta terminar acurrucada en una esquina del folio, temblando, con el alma rota y los recuerdos revolviéndome las entrañas.

Hace ya tantos años, hace ya tantos cambios. Y sigo aquí, anclada como el primer día, dejándome la huella dactilar al escribirte. No, ya no eres el pan de cada día, ya no apareces en cada conversación como un recuerdo lacerante. Pero a veces, en los días de viento, vuelves como un cuento de buenas noches y te quedas conmigo hasta la madrugada. Y entonces son tan reales tus manos en mis manos, tu mirada en mis labios, tu beso en mi pelo.

Doblo la carta despacio, la introduzco en el sobre, la guardo en el cajón bajo llave. No tengo el valor para romper a llorar, ni para dedicarte unos minutos más sin quebrarme por completo. Así que, con delicadeza, vuelvo a coserme el alma con hilo fino, apretando los párpados y agarrándome el estómago hasta que todo deja de doler. Y sólo queda el sonido de mi cinco por cuatro, más relajado, que todavía cree en tu promesa, en que algún día aparecerás y te quedarás a mi lado. No tengo fuerzas para decirle que... Así que callo. Y él está contento, y la vida continúa con tus cartas de fuego en el cajón y cada vez menos hilo en la despensa.

martes, 18 de abril de 2017

XVI. Abril

April is the cruellest month 
T. S. Eliot.

Abril es el mes más cruel.
El mes maldito
en el que la primavera nos toma desprevenidos.
Florecen los campos.
Se produce el deshielo.
Y todo el dolor del invierno
se nos diluye en las manos,
no sin antes hacerlas temblar de nuevo.

Abril es el mes más cruel.
Ese en el que las margaritas deciden nuestro destino
en el azar de unos cuantos pétalos.
Y en el que los colores revientan sin consuelo
tras hibernar durante meses
en nuestro recuerdo.

Abril es el mes más cruel.
Uno de esos que debemos guardar bien lejos,
encadenado, entre barrotes,
no vaya a ser que nos lo roben
y nos quedemos sin saber qué escribir.

lunes, 17 de abril de 2017

XV. Soñar en voz alta

A veces te oigo respirar a mi lado en el colchón
y quiero escribirte un poema,
uno que no hable de ausencias.
Un poema que susurrarte al oído
en los días de niebla,
que haga nacer un rayo de luz en tus pupilas.

A veces te escucho soñar en voz alta
y quiero gritarte un poema,
uno que llene tus manos de atardeceres.
Un poema que rompa
esta barrera de secretos a media voz,
que te traiga flores cada mañana.

A veces te siento latir en la oscuridad
y quiero arañarte un poema.
Rasgar con él toda esta distancia.
Sangrar en el poema
y lanzarme a tu piel envuelta en llamas.
Respirar hondo en cada b/ve(r)so.
Grabarte un poema de amor en los labios.
Y recitártelo cada noche.

miércoles, 5 de abril de 2017

Primavera

Quisiera abrirme el pecho y dejar salir todas estas polillas que me devoran las entrañas.
Quisiera darles la libertad de la primavera, un nuevo comienzo.
Pero las mantengo dentro, cobijadas con mis palabras.
Las acuno en mi pecho y ellas revolotean asustadas.
Y la primavera se me marchita en silencio.