martes, 7 de abril de 2026
Unravelling
viernes, 12 de mayo de 2023
Contra la página en blanco.
Contra la página en blanco, pienso en ti, sigo la regla de oro y empiezo por el principio.
Dos años sin escribir(te). He perdido tanto.
Margaryta Yakovenko dijo ayer que cuando no escribía era una persona horrible.
Cuando no escribo me transformo en otro yo. Otra mujer funcional que madruga, trabaja, come, limpia, estudia, lee, corrige exámenes y duerme. Y esa mujer está bien. Sonríe. Hace amigos. Es amable y eficiente. Pero no soy yo.
Dos años sin escribir(te). Porque siempre lo hago a escondidas.
Ni siquiera me enfrento a la página en blanco. La desnudez física es sencilla, la del alma no tanto. Ni siquiera recordaba las contraseñas. Me rodeo de palabras que no son mías. Me descubro envidiando a los adolescentes de un grupo de escritura y utilizo algunas de sus palabras para empezar este relato.
Dos años sin escribir(te). ¿Cuántos sin que me leas?
Se me instala un dolor en el pecho que no me deja respirar. Lloro frente a la pantalla. ¿Por qué sigo sintiéndome evaluada en cada paso que doy? ¿En cada palabra que (te) escribo? Hay roles que nunca cambiarán. Abril sigue siendo el mes más cruel y yo sigo sin saber gestionar mis emociones. Hay tanto daño que no sé por dónde empezar, no hay principio. El dolor se agrupa, ya no solo en mi costado, sino en mis ojos y en mis manos. Duelen y calman estas palabras.
Dos años sin escribir(te). ¿Hay final?
Pongo el contador a cero. Espero recordar la contraseña si hay próxima vez. Perdóname. No sé hacer otra cosa que escribir(te). No me enseñaste más. La regla de oro ya no me sirve. Solo sé arrojar estos fragmentos a la página en blanco, que siempre tienen una parte de ti, para quemarlos, para quemarme.
Dos años sin escribir(te). No hay salvación.
viernes, 26 de noviembre de 2021
Ausencia
domingo, 4 de abril de 2021
April is (still) the cruellest month
T. S. Elliot
Hay un laberinto en mi pecho.
Sus paredes, palabras de otros.
Hay un laberinto en mi pecho.
Y duele. No hay primavera.
Hay un laberinto en mi pecho,
y en abril florecen mis grietas.
domingo, 23 de agosto de 2020
Olivo verde.
Llueven en mi vientre y en mis manos
palabras de otros. Ciñen mis ojos
sus vendajes en este verano atemporal.
Apenas respiro.
Nacen labios que no callan,
se agrietan y sangran. Llega
el sabor metálico a mi boca.
Sus mentiras me ahogan.
No hay olivo verde ni escondite
donde guarecer esta incertidumbre
de días soleados y agua
que roza tus mejillas.
La herida es
demasiado profunda.
Nacen palabras púrpura
en tus labios. Susurros de sombras
que no se atreven a romper
esta incesante caída en vertical.
Llueven tus palabras y germinan
en mi vientre y en mis manos.
Florecen verdes ramas en mis ojos.
Y respiro.
sábado, 27 de junio de 2020
No me acostumbro.
Todavía abro tus mensajes con el corazón latiéndome en la garganta. Un corazón ardiendo. Ya no hay palabras nuevas, como si alguien las hubiera cortado de raíz. Y yo he sido la única en quedarme a repasar las faltas de ortografía.
Es cierto que no hay rencor. Solo un profundo vacío. Una nostalgia imperecedera. Miedo. Vergüenza. Un temblor incontrolable en la pierna izquierda. ¿Qué hago aquí? Tan cerca y tan lejos de tus manos. Eres inalcanzable.
Hay noches en las que no puedo soportar la oscuridad. Me hago pequeña en mi lado de la cama, aferrada a la almohada, suspirando en cada rayo que se cuela por la persiana. Hay algo roto en mí. Y no es el corazón, sino las entrañas.
¿Por qué no supimos poner nombre a todo aquello? Habría sido más fácil. ¿Quizá no quisimos? Habría perdido la magia... O no.
Quiero creer que ya no te escribo. Y cada vez que se me cuela una página en blanco no puedo más que llenarla de tus recuerdos, de mis dudas, de
Porque pese a la ausencia, una suave calidez se apodera de todo mi cuerpo cuando creo cruzarme contigo, cuando imagino verte a lo lejos. Se me dibuja una sonrisa en los labios. Y solo tengo palabras de cariño que mueren en el silencio de tu mirada. Porque nunca eres tú, excepto en mis sueños.
Pero no sufras, cada año guardo un poquito más lejos tu nombre. Y aunque el vacío no disminuya, sus canciones son un bálsamo que ninguna de mis caricias podrá pagar.
No me acostumbro. No me acostumbro a que "solo" ya no lleve tilde. Joder, no me acostumbro a estar sin ti. No, mierda. Ojalá me leas. Porque este vacío está lleno de tus palabras.
sábado, 16 de noviembre de 2019
Hello, I'm still here.
Me miro al espejo con la melodía invisible clavada en los tímpanos. Soy yo, y otra. Sigo siendo yo, en otro cuerpo. Mi cadera es más ancha, y hay curvas que antes no existían. Me dibujo con las yemas de los dedos, despacio. Mis manos ya casi nunca están frías. Mis pechos todavía son firmes. Y en mi frente solo ha nacido un nuevo surco. Pero alrededor de mis ojos hay más arrugas que nunca. Y las gafas hacen que cada vez se vean más y más pequeños.
Esta soy yo y no soy yo. Soy yo en otra yo. Qué inevitable.
Pero sigo aquí. Luchando por reconocerme en esta piel. Mis labios son cada vez más ásperos, pero todavía conservo la voz. Y los mismos sueños. Ojalá sepas reconocerme en esta nueva yo.
De pronto, el nombre de la canción. Y el ayer se me empaña en el cristal. Ya solo hay recuerdos.