Camino con mi gabardina negra y un maletín en la mano. Soy Nadie en esta ciudad de todos. Me invade el impulso irracional de entrar en cualquier bar para olvidar mi realidad. Me imagino sentado en el rincón del fondo con un whisky, esperando a la mujer de negro. Nadie se fija en mí, soy invisible bajo las luces navideñas y las carcajadas de los adolescentes. La mujer de negro me obsesiona, la mujer de negro es una constante en mi vida. Quiero esperar a la mujer de negro. Quiero hablar a la mujer de negro y que ella me mire desde su vestido ajustado y sus ojos azabache. Quiero llevarme a la mujer de negro, encerrarla para mí. Observarla, admirarla, desnudarla, follarla. Quiero unirme a la mujer de negro. Quiero ser la mujer de negro.
En lugar de eso, me dirijo hacia el último portal de esa última calle oscura del típico barrio a las afueras de la ciudad. El piso me recibe con un aliento frío. Dejo el maletín en el recibidor y la gabardina en una silla. Me siento en el sofá y cierro los ojos. La mujer de negro aparece tras mis párpados y me reprocha no pensar en ella cada segundo. Quiero matar a la mujer de negro. Y desaparecer con ella.
martes, 17 de diciembre de 2013
martes, 3 de diciembre de 2013
03:22 a.m.
Anoche, el universo se resumió en tu suave respiración a las tres y veintidós de la madrugada. Todos los recuerdos, todas las metáforas, toda la piel, en tus labios entreabiertos y la elevación intermitente de tu pecho. Te observé en la penumbra y acordes de los Foo Fighters me llenaron la memoria - breathe out, so I can breathe you in, hold you in. Me acurruqué en tu hombro desnudo, con la esperanza inútil de aparecer en tus sueños. Apenas unas horas antes había sido yo quien se había dormido mientras Márquez se diluía en tu voz con palabras de amor. Y caí de nuevo en el vacío, con tu respiración marcando el tempo. Me han despertado tus caricias en la espalda, y todo esto pasa por mis pensamientos mientras la idea de hacernos el amor por la mañana, como el café, toma forma en tus ojos.
jueves, 24 de octubre de 2013
Desgarrando, sangrando, muriendo.
Vi cómo la poesía se le escapaba de los labios en un aliento espeso. Seguí el hilo de sus palabras hasta que se adentraron en el laberinto, y me solté.
Entré en tus pensamientos como un huracán, despojándote de secretos. Me poseyeron versos infinitos mientras revolvía el cuarto. Encontré el impoluto papel sobre el que descansan tus sueños, y me desnudé ante él al tiempo que lo rasgaba con las tintas de mis fracasos. Acaricié, mordí, arañé y herí, porque así es como se hacen los poemas: desgarrando, sangrando, muriendo. Y luego me fundí. Me fundí y quedé inmóvil mientras tus ambiciones, revueltas, se posaban en mis mejillas, sobre mi vientre, entre mis piernas. Durante un momento me sentí dueña de todos tus anhelos, de todo tu futuro, y soporté el impulso de echar a correr de nuevo, dejando caer tus esperanzas en cualquier otro rincón, lejos de mí. Me quedé quieta, muy quieta, y podría haberme quedado allí durante años, viendo cómo tus logros, hechos realidad, abandonaban mi piel hasta quedar en la más absoluta soledad.
Luego, como una Ariadna arrepentida, desperté de mi ensoñación y recogí el hilo. Los versos, el ritmo, todo había cambiado. Pero mis pensamientos habían pasado inadvertidos a aquella mirada cristalina. Seguí los versos del residente en la tierra a través de aquel aliento espeso, inmóvil en aquella silla azul, suspirando por echar a correr de veras y ser el motor de tus éxitos. Desgarrándome, sangrando y muriendo... en tu poema.
martes, 8 de octubre de 2013
X. Los verdaderos poemas son incendios.
Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.
Un poema es una cosa que será.
Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
Fragmento de Altazor, de Vicente Huidobro.
Mentiría si dijera que ni uno de ellos te pertenece.
Mis otoños orbitan alrededor de tus ojos.
Ya no sé qué escribir, ni a quién.
Quiero gritar versos sin sentido,
que sólo entendamos
Esconderme en el borde de tu sonrisa
y caer como Altazor,
hasta el origen de todo amor conocido
para renacer con pureza paradisíaca
en tus brazos.
A veces me permito creer
que somos únicos,
que nadie ha amado así jamás,
que debería convertirnos en literatura.
Pero, ¿acaso no hay mejores historias ya escritas, hitos y mitos?,
¿cómo describirte sin quedar atrapada en los tópicos?,
¿y cómo poner un punto y final sin saber que la vida real nos dará a bitter end?
Deja que me esconda
tras estos balbuceos incomprensibles.
Nada.
No hay nada.
Las llamas consumen todo alrededor.
Y desde aquí,
desde mi paracaídas,
desde el infinito,
nada interesa a mis ojos más
que el recuerdo de tus labios.
Sueño contigo,
y lo único que me queda al despertar es
un sudor frío en la frente
y la maldita desorientación.
Tantas noches,
tantas camas,
tantos anhelos.
Ojalá estuvieras allí
para abrazarte fuerte,
para esconderme en tu hombro.
Quiero abrirme el pecho y llenarme de ti.
Todo tú en este vacío insondable,
todo tú en esta tonta melancolía de martes.
viernes, 20 de septiembre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
IX. Anhelos de ti
Las palabras se me agolpan en la frente
y quieren estallar en mis labios, en mis ojos...
No hago más que pensar en ti.
En cómo decirte que
sigo entrando en las habitaciones
en busca
de tu sonrisa pícara,
de tu mirada de complicidad.
A veces
pienso que conozco hasta el último de tus lunares;
y luego
me doy cuenta de que todavía
me quedan por descubrir
miles de secretos
bajo tu piel.
Por las ventanas
entra una tenue brisa
que se detiene,
acaricia mi cuerpo
y se marcha sin decir
adiós.
El sonido de la lluvia
me golpea
esa zona del cerebro
donde sólo existen
anhelos de ti.
Hay momentos en los que mis palabras son sólo tuyas.
Y, ¿cómo decirte, amor, cómo decirte...?
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Las palabras se me agolpan en la frente
y quieren estallar en mis labios, en mis ojos...
para retornar a través de mis oídos
y acurrucarse como en los días de invierno.
y quieren estallar en mis labios, en mis ojos...
No hago más que pensar en ti.
En cómo decirte que
sigo entrando en las habitaciones
en busca
de tu sonrisa pícara,
de tu mirada de complicidad.
A veces
pienso que conozco hasta el último de tus lunares;
y luego
me doy cuenta de que todavía
me quedan por descubrir
miles de secretos
bajo tu piel.
Por las ventanas
entra una tenue brisa
que se detiene,
acaricia mi cuerpo
y se marcha sin decir
adiós.
El sonido de la lluvia
me golpea
esa zona del cerebro
donde sólo existen
anhelos de ti.
Hay momentos en los que mis palabras son sólo tuyas.
Y, ¿cómo decirte, amor, cómo decirte...?
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Las palabras se me agolpan en la frente
y quieren estallar en mis labios, en mis ojos...
para retornar a través de mis oídos
y acurrucarse como en los días de invierno.
viernes, 6 de septiembre de 2013
¿Me buscarás en el infierno?
Podría escribirte versos más tristes que los de Neruda, amor. O podría quedarme callada, con tus interrogantes clavados en las entrañas y un hálito de misterio. Pero no se me ocurre nada mejor que recitarte versos de Benedetti para calmar este demencial silencio a tu retorno, o este retorno a tu demencial silencio, o este demencial retorno a tu silencio.
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te quedas sin lbios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
La noche no está estrellada, ni hay astros azules que tiriten a lo lejos. Cómo decirte, amor, cómo decirte que hasta el viento me trae recuerdos en blanco. Si te salvas, amor, si te salvas... ¿cómo vas a buscarme en el infierno? Quizás el silencio sea mío.
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