Lo que lo hacía especial eran sus agujeros en los calcetines. Y lo mucho que le gustaba ponérselos. A Marta le gustaba el azúcar con café. Carlos pisaba sólo las líneas blancas en los pasos de cebra. Violeta cogía el cuchillo como un bolígrafo. Nerea torcía la boca cuando estaba nerviosa o su mente viajaba entre pensamientos a toda velocidad. Pablo coleccionaba llaves extraviadas. Laura siempre salía con coloretes de los exámenes. Mónica movía las aletas de la nariz cuando estaba a punto de llorar. Esteban nunca llevaba paraguas, le gustaba demasiado la lluvia. Daniel olía la comida antes de metérsela en la boca, puro instinto. Victoria estiraba las mangas de los jerseys con su timidez.
¿Qué importa su nombre, en realidad? ¿Qué importa su aspecto? Puedo decirte que era profesor, estudiante de Bellas Artes o un ejecutivo anciano. ¿De eso depende tu opinión? No, claro que no. Lo bonito es dejar volar a tu imaginación.
A mí me gusta guardar hasta el envoltorio de los regalos y llevarme todo a casa. Luego ya lo tiraré. ¿Y tú?
Son los detalles los que nos hacen visibles, no la normalidad.



