sábado, 1 de septiembre de 2012

Creo que te gustaría verme estudiar.

Coloco los folios sobre la carpeta. Parto el tocho por la mitad. ¡Bien, justo la página que quería! Romanticismo. Romanticismo puro. Beethoven, Schubert, Schumann, Liszt, Chopin, Berlioz, Mendelssohn, Brahms, Verdi, Brucker, Strauss, Mahler... Wagner. ¡Bien, me los sé todos!

No aparto la mirada de las letras. Quieta, muy quieta. Leo los párrafos una y otra vez. Obras. Las obras no me las sé tan bien, lo admito. Leo. Sigo quieta. La gente a mi alrededor pasa las hojas de apuntes, las gira, las acerca a su nariz, vuelven a dejarlas sobre el montón. Yo sigo sin moverme. Es que me gusta estudiar quieta, muy quieta.

Se me escapa un decadente suspiro romántico. Pero romántico tipo sinfonía, ¿eh? Todo un clásico. Ah, el Clasicismo también me lo sé, pero me gusta menos. A mí horror vacui, como en el Barroco. La Suite número dos de Bach arreglada para viola. Qué bonita. Tariraaa, tariro, tariroriraaaa, tariro, tariroriraaaaaa, tariro raro rare rira ro rarira...

Miro alrededor. Vuelvo a los garabatos. Me levanto y salgo. Voy a por el segundo café del día. Bueno, de la tarde. Sólo por distraerme. Sólo por salir a que me dé el aire. Sólo porque me gusta. A ver quién me duerme después.

Cuánto más café tomo, más quieta estoy. Más abiertos los ojos. Más lenta la respiración. Más concentración. ¿Más concentración? ¡Y una mierda! El grupo de chicas de la mesa de enfrente está empezando a hacer ruido de más. Jiji, jaja, jeje. Y yo sólo quiero silencio. Silencio que en mi casa no hay. Nunca lo hay.

Volvamos a los románticos. Qué hombres aquellos. ¡Cómo me los imagino y qué diferentes debieron ser! Ya me estoy yendo por las ramas. Y en un momento mío de esos repletos de lucidez pienso en ti. Oh, oh, la hemos jodido. Durante una fracción de segundo pienso que te gustaría verme estudiar. Te encantaría verme estudiar. Y luego, me sumerjo en los folios de nuevo. Quieta, muy quieta. Con dos cafés en el cuerpo y muchas ganas de que llegue el invierno.

jueves, 26 de julio de 2012

Anochéceme.

Dibújame tu olor en la piel.
Lléname de palabras inventadas.
Bésame con la mirada,
y desnúdame el alma.

Conviérteme en lo prohibido.
Desátame en las noches solitarias.
Entrégame a los perros hambrientos
que me esperan en tus recuerdos.

Mátame a incógnitas.
Déjame a merced del olvido.
Vomítame toda tu dulzura
y resérvame los platos fríos.

Arrácame las entrañas.
Báñate en lo que quede de mí.
Destrózame los labios y lámeme
hasta la más pequeña de las heridas.

Escóndeme de la locura.
Encuéntrame donde nadie lo haría.
Transpórtame a ese mundo inverosímil
en que me sueñas ágil y diminuta.

Encaréceme las esperanzas.
Maravíllame con los detalles.
Inspírame en los momentos más íntimos
y expírame al oído de cualquier extraño.

Ódiame por no mentir otra vez.
Pídeme más, y más, y más suspiros.
Gímeme para que vuele un segundo
y encógete en lo profundo de mis pupilas.

Tatúame el corazón.
Anochéceme.

lunes, 2 de julio de 2012

Fin.

Y allí, sobre la hamaca que había soportado su peso y el de sus amantes en las largas e intensas noches de verano, mirando aquel mar indescifrable lleno de secretos, dejó que el aliento de la muerte le velara los ojos y lo absorbiera en el estupor del vacío.

Cuando lo encontraron, su rostro estaba cubierto por la serenidad de la sal marina. Y una de aquellas mujeres de luto, en su desgarrador llanto de noche sin luna, exclamó que el mar había sido el único capaz de calmarlo en vida y lo acompañaría en el interminable viaje que le esperaba.

domingo, 3 de junio de 2012

IV. Salix babylonica.


Un brillo extraño se esconde en la noche de sus ojos
mientras acaricio sus pómulos rosados
y beso las lagunas de su memoria.
Estoy convencido de que fue Adán
quien, presa de un deseo incontrolable,
mordisqueó los labios de Eva
y nos condenó al eterno suspirar de los amores prohibidos.

Me deslizo entre las constelaciones de su cuerpo
mientras se hace la luz en nuestras almas
y pasa desapercibida una estrella fugaz.
Seco la desesperación de su rostro
que, una vez limpio de rabia inútil,
se llena de nuevo de sueños por cumplir
y me atrapa en su red de secretos a medias.

Las cortezas de nuestros corazones se fisuran
mientras nos enlazamos con hilos invisibles
aún nos quedan por compartir muchas últimas canciones.
El péndulo se detiene un segundo en la brisa,
los sauces siguen llorando por mí,
y derraman sus lágrimas color esperanza
sobre el lago cristalino de mis entrañas.

martes, 22 de mayo de 2012

Calm down.

Lo importante no es deshacerse de los recuerdos, sino aprender a vivir con ellos, llevarlos con delicadeza en nuestro interior y mantenernos firmes cuando se nos presentan inesperadamente. Y es difícil, claro, pero confío en que el tiempo nos enseñará. Es un buen maestro, ¿sabes?

domingo, 20 de mayo de 2012

La carta infranqueable.

A veces, las palabras sobran. Y todo lo que quería decirte se desvanece en un eléctrico cruce de miradas.

Nunca te había sentido tan cerca. O ya no lo recordaba, al menos. Eres como esas tardes de invierno en casa, cuando llueve tras la ventana y un café se enfría lentamente en mis manos. Cálido y tranquilo, lleno de paz. He visto mil veces tu sonrisa, pero nunca me había fijado en la enredadera que se extiende alrededor de tus pupilas. Esa que un día, Dios sabe cómo, me atrapó; y en la que no había reparado aún.

Me enloquece la sola oportunidad de observar con detenimiento la línea invisible que separa la piel de tu rostro de la que conforma tus labios. O los pequeños surcos que la cruzan, testigos de cada una de tus expresiones.

Me devoran mis anhelos. Los contengo y me desgarran, pero soy más fuerte. Hay una delgada barrera entre los sueños y la realidad, cada vez estoy más segura. Y tú te deslizas entre ambos mundos con una facilidad envidiable y muy, muy peligrosa. Puedo observar cada detalle al milímetro mientras hablas sobre cualquier otra cosa y, después, responderte con toda la naturalidad de la que sea capaz. O quedarme callada, sonriéndote en silencio.


Luego, te escribo miles de palabras que no consiguen expresar nada. Y tú me sigues llamando tonta, y bonita, y niña. Y yo pienso que no puede haber nada mejor. Que traspasar esa barrera es una muerte segura. Que tocar un milímetro de esa piel llena de historias sería encontrar el veneno definitivo y letal. Y rompo las palabras, que se desintegran en las yemas de mis dedos.




Algún día muy lejano, quizás te envíe una carta de verdad.


lunes, 14 de mayo de 2012

III. Tu caos es mi orden.

El cristal refleja tus ojos sobre el paisaje
y se confunden con el aroma extraño
que desprenden tus temblores.
La vida es algo más que imágenes
en blanco y negro. O quizás no.
No creo en Dios, ni en sus hazañas.
Ni en el palpitar dudoso de un corazón desarmado.
A veces me descubro tratando de darle
sentido a tus silencios. A tus miradas.
Pero tampoco creo en ellos todo el rato.
Tus terremotos se han calmado, y no,
yo ya no estoy allí.
Lo más doloroso es enfrentarse al espejo,
que te devuelve un aliento vomitivo, enfermizo,
y una piel de papel de fumar.
Encajar el golpe. Continuar.

¿Y en qué creo entonces?
Los árboles se dejan mutilar por la brisa,
y nosotros por susurros.

Y esa es la única verdad posible.