sábado, 23 de abril de 2016

jueves, 21 de abril de 2016

XIII. Re-start

Qué cansada me tienen:
el silencio, el vacío.
Lanzo cada palabra
como una flecha ardiendo,
desesperada por clavarse en tus pupilas.
Y tú das media vuelta,
cierras los ojos con fuerza,
más ágil y fuerte, más frío y ajeno.
Qué impotencia sentirte tan lejos.
Qué duro sentirme tan vacía.


Escritura creativa.

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más, en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
no pasa nada.
Lo expresaba muy bien César Vallejo:
«...y no me corro».
Pero él disimulaba.

A. González en Breves acotaciones para una biografía.

lunes, 29 de febrero de 2016

Viceversa

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño placentero, se encontró sobre su nido convertido en un monstruoso humano. Estaba tumbado sobre sus músculos doloridos sostenidos por una especie de vara flexible. Al levantar un poco la cabeza, vio dos piernas cubiertas de vello que terminaban en diez pequeños bultos con costras ennegrecidas.

“¿Qué me ha ocurrido?”, pensó. No era una pesadilla. Su nido. Su nido de cucaracha había sido destrozado por esa enorme masa deforme en la que se había convertido. Se levantó con cuidado y  un ruido desagradable (croach-croach) lo atrajo a la realidad: había aplastado a su familia. Gritó con todas sus fuerzas, un ruido sobrenatural salió de su garganta. A continuación, una luz cegadora se encendió en aquel sótano oscuro e inhóspito que había sido su hogar durante tantos y tantos años. La figura de aquella asesina que los había perseguido toda su vida abrió la puerta.


En colaboración con una bella filóloga, Toñi.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Hoy quemé tu carta. La única carta que me escribiste. Y yo te he estado escribiendo, sin que tú lo sepas, día a día. A veces con amor, a veces con desolación, otras con rencor. Tu carta la conozco de memoria: catorce líneas, ochenta y ocho palabras, diecinueve comas, once puntos seguidos, diecisiete acentos ortográficos y ni una sola verdad.

José Emilio Pacheco.