lunes, 9 de abril de 2012

There's nothing worth running for.

No hay manera. No hay forma humana de controlar esto.
Los huracanes que destrozan mis cimientos.
Se desmoronan mis ciudades. Mis ideas tan cuidadosamente edificadas.
Las notas del piano me destrozan los oídos.
Y tu mirada.

Todavía no comprendo cómo pueden hablar de amor
como si fuera algo tan ligero, tan dócil, tan fácil.
Todavía quedan resquicios de tus palabras
que esperan ser pronunciadas algún día.
Y tus labios.

Mátame. Mátame de una vez por todas. O desapareceré.
Estaría ya muy lejos de no ser por ese pánico a la estaciones.
Nunca llegaré a comprender la mezcla entre la felicidad de la llegada
y la amargura de la despedida en el ambiente. Aeropuertos, buses, trenes.
Y tu sonrisa.

Ya no hay nada que valga la pena.
Nada por lo que luchar, nada por lo que gritar.
Ni siquiera consiguen meternos el suficiente miedo como para echar a correr.
No hay nada por lo que valga la pena correr.
Excepto...

2 comentarios:

  1. Los ojos y la boca.
    Es lo más expresivo que tiene el ser humano y lo que más nos gusta.

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